«Hay Cosas Que Se Pagan Repitiéndolas» (cap2)

Al llegar a Zapala noto que una rueda trasera venia perdiendo libras. buscamos una gomería y nos encontramos con un señor mayor muy bien predispuesto, pero sin los medios para desarmar completamente la rueda, así que recurrimos a un líquido que se pone dentro de la cámara que hace las veces de parche andando, ya que la pérdida era mínima. mientras sacábamos la rueda se acercó un señor por lo llamativo de San, y nos contó el estado del camino que va por Primero Pinos hacia Pehuenia, y nos recomienda ir por Las Lajas, ya que al dirigirnos hacia un paso internacional era todo asfalto menos los últimos 60 km hasta llegar a la villa, e igual de pintoresco que el ultimo camino. Así que algunos preparativos mediante, salimos para Las Lajas.

En esta etapa comenzó la real aventura, las subidas y las bajadas son bastante pronunciadas así que pudimos poner a prueba el freno a motor y los nervios del copiloto. Un paisaje muy lindo pre cordillerano con las montañas de fondo. Al llegar al paso Pino Hachado preguntamos en un pequeño comedor el estado del camino restante. El casero nos dice que es de ripio y que estaba regular con algunos derrumbes, pero transitable, y ahí mismo nos invita para Navidad que era la inauguración de su posada. Un lugar único en medio de la montaña. Luego de los saludos cordiales de rigor, seguimos viaje por la ruta de cornisa y tierra que pasaba por atrás de su predio. Al comenzar a subir notamos que los acantilados eran cada vez más profundos y más lindos. El estado del camino era bastante malo, serruchado y con piedras por varios lados, curvas. Cruzamos un par de pequeños arroyos de deshielo y paramos a tomar fotos a los primeros pequeños montes de pehuenes que vimos y a las cascaditas. Los ojos se empezaban a llenar de maravillas naturales, para Mariela e Ian nunca vistas en persona.


Casi una horita larga después estábamos pisando el asfalto que rodea al hermoso lago Aluminé en la entrada a la villa, y en el momento en el cual me abro hacia la banquina asfaltada para entrar en Pehuenia, el camión se cae en la cola del lado del acompañante, un momento único de pánico inmediato.
Mariela pregunta: qué paso? solo recuerdo agárrarme la cabeza y decir: no sé, no sé!, me catapulto de la butaca a la banquina, miro y confirmo, se cortaron todos los espárragos y se salió la rueda. Gracias a Dios ahí y no en una curva cerrada arriba de la montaña. Gracias a Dios y a la suerte del destino, frente al centro cívico, que incluye desde un Banco hasta el edificio de Prefectura, pasando por la biblioteca municipal, un restaurante y comercios varios. A escasos minutos de haber comenzado a captar señal con los celulares.
Pero no podíamos eludir un problema: tenía de todo, menos bulones de rueda.
Y en ese preciso instante eterno pasa un remisero con pasajero incluido, para, me pregunta que había pasado, le comento que había quedado varado y me dice: termino el viaje y vuelvo.
Frunzo mis hombros, como pensando y bueno… crique de por medio meto la rueda lo mejor posible para poder correr el camión totalmente fuera de la ruta. Con 70 cm más adelante ya no molestábamos.
Ahí nomás me puse el mameluco y empecé a desarmar pensando en robar un bulón por rueda o esperar ahí alguna encomienda. En eso vuelve el remisero. Detiene la marcha del único camionero que pasa, resultando ser hermano del dueño de la gomería. Este mira el bulón y determina que no había repuesto en la zona. El único que podría tener uno perdido era un hombre que tenía una chacarita (por desgracia no recuerdo su nombre para hacerle honor en éste relato). El remisero asintió como conociéndolo de siempre, me dice: bueno vamos. Nos subimos al remis, recorrimos un poco de ruta, luego nos metimos en un camino de tierra y dimos con un juego de casas. Tranquera por medio y mucha chatarra y hierros alrededor de la casa, una señora rodeada de chicos nos dice que el hombre se había ido a Zapala. En medio de la conversación veo en el fondo de su patio un Dodge tapado en cosas. Me volvió el alma al cuerpo. Alguno de sus ejes tenía que tener el esparrago que buscaba. Nos dan un teléfono y no respondía nadie, así que le envié un mensaje y el remisero me devuelve al camión. Le agradecí, no me quería cobrar. Me dejó su tarjeta prometiéndome que al día siguiente se iba a solucionar. Yo medio desilusionado terminé de desarmar la campana de la masa y junté todo. En ese momento de una camioneta baja un señor que se presenta como Guillermo La Bella. Le cuento lo sucedido y me dice que él al día siguiente iba para Zapala, que le diera un bulón de muestra, q no tenía ningún problema en intentar conseguirlos en la ciudad. Ni siquiera quiso aceptarme plata, se llevó el bulón, mi número y la promesa de revolver Zapala por mi.
Le cuento todos estos encuentros sucedidos en escaso tiempo a Mariela, que volvía de conseguir algo para comer, con la doble sensación de la preocupación y el shock visual por las montañas y el lago que inesperadamente se le presentaron.
Ya era de noche, ni hambre me había quedado.
Cerca de las 2 a.m. me despierta un ruido de motor. Desconfiado, me bajo y veo atrás del camión estacionada una Renault exprés, y mucha gente bajar de ella. Hacía mucho frio. Me preguntaron por un lugar para dormir, les comenté que rompí, que no conocía más que esa banquina. Risas de por medio me comentan que el camino que nosotros habíamos hecho en algo más de una hora a ellos les llevo 10. Tenían que bajar del vehículo a correr piedra por piedra para poder seguir. Nos saludamos y volví a dormir.
Ya a eso de las 6 de la mañana me despierto con unos mates para pensar y noto que nuestros vecinos habían armado 3 carpas al lado del camión y pasado la noche ahí mismo! Sociales pertinentes de por medio, mi cabeza seguía ocupada por la rueda.
Luego de los mates mi plan seguía siendo sacar los espárragos cortados y uno de cada rueda. La verdad, estaba desesperado.
Vino la policía a tomar datos y decir a los ocupantes de la Renault, que ahí no se podía acampar ya que era la entrada a la villa, y a nosotros más que los datos no nos pudieron pedir ya que vieron todo el despiece. Cuando empecé a sacar el primer esparrago, paró una Hilux línea vieja blanca en plena ruta, en doble fila. Al bajar el vidrio la pregunta de rigor: ¿“que paso gaucho?" Le comenté que esperaba a un hombre que estaba de viaje y tenia una chacarita a ver si tenia los bulones. Me dice: soy yo, vamos! Casi me caigo de espalda.
En el viaje me comenta que el número que tenía lo había perdido, se dedicaba a limpiar predios en la zona y a hacer albañilería. Llegamos a su casa, yo veía el Dodge del fondo como se ve a un vaso de agua cuando se tiene sed! Ahí mismo cortó con mis ilusiones diciendo que no era de él, que no me preocupe que algo íbamos a encontrar, al tiempo que levantaba una vieja lata de pintura pero llena de hierros, tuercas, etc. La dio vuelta, revisó... y BINGO! 3 espárragos... seguimos buscando, encontró sobre un viejo banco de trabajo 3 tuercas, me dio todo y me dijo: "con esto te moves, si necesitas más necesito más días". Me quedé atónito con su conocimiento del inventario, el lugar era un caos!
Re contento le comenté que tenía miedo que se hayan deformado los agujeros de la llanta. Me llevó al fondo y tenía una llanta perfecta, al igual que la que tenía puesta. Quise negociar su precio, no me quiso cobrar. Volvemos al camión, a fuerza de cansancio logré que me cobren algo... prácticamente me quería sacar las herramientas de las manos para armar la rueda.
Armamos la rueda y movimos con mucho miedo ya, no había ni 15 cuadras a la estación de servicio, pero fue una eternidad. ¡Llegamos! ¡Nos presentamos con la gente del lugar, Quito, Joaquín es gomero, bombero y hace rescates, un verdadero personaje! Le contamos de nuestro problema. Muchos parando, preguntando, tratando de ayudar. Hasta viaje ida y vuelta más hospedaje en Neuquén nos ofrecieron.


Al mediodía llamó Guillermo diciendo que no conseguía los espárragos de la medida, pero seguía recorriendo y que le tengamos fe. En ese momento quería comprar pasajes de vuelta a casa. Hoy, visto en la distancia me parece una pavada y me alegro de haberla vivido. ¡En el segundo llamado ahí estaban! ¡los tenía con él! Quería correr a abrazarlo. A la tarde estarían en Pehuenia con nosotros.
¡Lo vi llegar con su señora y una cajita blanca en la mano, un tesoro! Nuestros espárragos, había de más, de repuesto y hasta algunos sobre medida. Lo abracé, hasta lagrimeé. Ellos normalizaban un acto que para nosotros era único, era todo. Él me explicaba que era lo normal ayudar al otro. Yo trato de ayudar, siempre ayudamos y se siente bien, pero ser ayudado es una sensación inexplicable de vulnerabilidad, gratitud, una mezcla tremenda de emociones. Le pudimos pagar los espárragos apenas, y no nos quiso cobrar más nada. Nos regaló una frase, una que le dijeron cuando el tampoco supo cómo pagar o agradecer un gesto de ayuda desinteresada. Creo que la mejor desde "de cobardes no hay historias". La suya fue, "Hay cosas que se pagan repitiéndolas" Y eso intentamos hacer, que la rueda de su lema no deje de girar.

En el próximo post agregamos los puntos de Google Maps con las paradas libres!
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4 Comentarios

  1. Tremendo relato!! Genial experiencia!. No haber sabido que andaban por acá para saludarlos.
    Si vuelven x Nqn y necesitan algo me chiflan

  2. QUE COPADO YO ANDUVE CON MI SW4 EL DIA 5 ENERO Y SEME ROMPIO LOS AMORTIGUADORES DELANTEROS Y
    LAS GOMA DE A BARRA ESTAVILISADORA Y UNA CUBIERTA EN JUNIN Y ABANDONE INPOSIBLE MANEJAR EN RIPIO CON LOS AMORTIGUADORES ROTOS EN AÑO QUE VIENE REBANCHA . BUEN VIAJE LOS SIGO

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